"Mañana, tal vez, tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados, pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear". MAHATMA GANDHI

viernes, febrero 18, 2011

Huida de Cano: Santos debe decir qué pasó
 Por Eduardo Mackenzie
16 de febrero de 2011
No se sabe qué es peor, si la noticia de que  el Gobierno dejó escapar a Alfonso Cano del Cañón de las Hermosas, donde las fuerzas militares lo tenían cercado, o la desenvoltura como el presidente Juan Manuel Santos trató y trata este gravísimo asunto.
“Es posible”, fue la respuesta dada  a CNN en español por el jefe de Estado colombiano. Y eso fue todo. No hubo otro detalle, ni un análisis mínimo de lo que pudo haber ocurrido el domingo 13 de febrero de 2011 en ese rincón del sur del Tolima. Tal respuesta no es sólo lacónica: es incompleta, es inepta y ambigua. Esa respuesta permite pensar que el jefe de Estado colombiano no estaba informado, o estaba mal informado. Un jefe de Estado, en materia tan  grave,  no puede contentarse con dudas, con tener una noción vaga de las cosas. Debe saber o, al menos, saber que no sabe, que ignora lo esencial, o que su información aún no ha sido verificada. Nadie le habría reprochado nada al presidente Santos si  admite que está esperando una confirmación. Pero no, el sólo dijo “Es posible”. Y dejó al país entero en vilo.
El presidente debe decirle al país qué pasó en esa escala no prevista y abusiva que hizo el helicóptero brasileño con Piedad Córdoba a bordo. Esa activista dirigió el aparato con precisión hasta el caserío de San José de las Hermosas y después salió con el cuento de que había “copiado mal” las coordenadas que le habían dado las Farc. Ella no copió mal: en ese punto la esperaba un fuerte destacamento del frente 21 de las Farc, es decir los guardianes más cercanos de Alfonso Cano. Fue así como el jefe de las Farc, ante la negligencia del gobierno, y con el pretexto de entregar un secuestrado que no estaba previsto en la lista de ellos, pudo escapar, por los aires, según las versiones conocidas.
La fuga de Cano fue revelada desde el lunes por un puñado de periodistas que se atrevieron a revelar, aunque sin pruebas, que ese individuo había sido sacado en uno de los helicópteros brasileños. Gracias a ellos, CNN pudo lanzar la pregunta a Santos. De lo contrario nadie habrá sabido que ese domingo el país había sido burlado por las Farc y por Piedad Córdoba.
Creyéndose muy hábil y muy fuerte, el gobierno quiso frotarse a las maniobreras Farc. Y ahí está el resultado: salió tumbado. Como muchos observadores lo decimos desde hace mucho tiempo: toda veleidad negociadora o de tratos, aún así sean puntuales y mínimos y esporádicos, con esa gente, se saldarán con derrotas para el Estado y para la sociedad. Pues jamás habrá con las Farc un contacto “mínimo” que no se transforme en “máximo”. ¿Cuándo aprenderemos la lección?
Lo ocurrido el domingo es el resultado del abandono de la seguridad democrática. Al dejar de lado esa doctrina, el gobierno no tiene una de recambio y escogió su viacrucis: ahora  tendremos que analizar las cosas del país a la luz de lo que puede pasar en un contexto de inseguridad democrática.
El traslado de Cano a otro lugar, o a otro país, es un hecho gravísimo para la seguridad de Colombia. Lo ocurrido el domingo es igualmente peligroso desde el ángulo diplomático: en ese episodio terminaron involucrados, quiéranlo o no, el CICR y dos gobierno extranjeros, Brasil y Venezuela. Pues un grupo de Telesur obtuvo misteriosamente las coordenadas que ni Bogotá conocía y estuvo presente para montar un show publicitario en ese caserío. Tarde o temprano esa gente le pasará a Colombia la cuenta por eso.
 Alfonso Cano no es un criminal ordinario. Es el jefe de una organización comunista que se mueve, con ayuda extranjera, como un ejército invasor de Colombia. Es él quien decide y ordena las grandes operaciones y maniobras, las matanzas, emboscadas,  secuestros,  robos, y todo tipo de delitos contra la seguridad y estabilidad del país.
Por eso los ciudadanos tenemos derecho a pedir explicaciones al gobierno, pues se trata de la seguridad actual y futura de nuestras familias, de nuestros hijos, de nuestros compatriotas.
Una respuesta como esa (“Es posible”) suena más a respuesta displicente dirigida a alguien que se interroga sin tener derecho a interrogarse.  ¿Eso somos los colombianos para el presidente Santos?
 No es posible guardar en secreto lo que ocurrió el domingo. Parece que los colombianos somos los únicos que no sabemos nada. Los gobiernos si lo saben. Basta saber que el radar de Chiribiquete tuvo que haber registrado cada uno de los pasos y movimientos del helicóptero el domingo. Si ese aparato llegó hasta territorio venezolano o brasileño debe existir ya la prueba de eso. Y otros radares pudieron también observar lo mismo. Eso ya lo saben Washington, Caracas, Quito y Brasilia. Sólo la opinión pública colombiana ignora todo al respecto.
Y lo sabrán muy pronto en Buenos Aires donde Piedad Córdoba, y sus cómplices del Foro de Sao Paulo,  es decir todas las sectas marxistas del continente, celebrarán en un mitin la escapada de Alfonso Cano. De allá regresará la ex senadora no para una cárcel, como lo merece, sino a seguir en su farsa de la “mediación” desinteresada. Y a pedir que la condecoren.

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