"Mañana, tal vez, tengamos que sentarnos frente a nuestros hijos y decirles que fuimos derrotados, pero no podremos mirarlos a los ojos y decirles que viven así porque no nos animamos a pelear". MAHATMA GANDHI

viernes, agosto 06, 2010

ALBERTO LLERAS CAMARGO Y EL FUERO MILITAR

Apartes de la intervención del doctor ALBERTO LLERAS CAMARGO, como Presidente Electo de Colombia, ante los Señores Oficiales de las FUERZAS ARMADAS, hace 62 años, el 9 de mayo de 1958, en el Teatro Patria de Bogotá.

Vale la pena hacer notar que por entonces, no teníamos ni Farc, ni Eln, ni narcoguerrilla, ni Corte Constitucional en el País. Tampoco se había amnistiado, al M-19

Dijo el doctor Lleras:
“La mayor parte del tiempo, la fuerza armada no hace sino estar, existir, precaver, con su sola presencia, que no ocurra nada malo, ni invasiones, ni asaltos, ni guerras. Pero si algo ocurre, y hasta ahora siempre ha ocurrido, el soldado tiene que ir a poner el pecho para defender a los que están detrás de él”.

Y continúa mas adelante:
“La educación del que comanda gente de armas es excepcional, como lo es, en menor grado, la del soldado. Nada de lo que ocurre en las unidades militares deja de tener sentido. Todo es preparación constante para el minuto de riesgo y de muerte. En cambio, la educación de los paisanos es para la paz, el disentimiento, la controversia, el trabajo sin riesgos y no es necesaria tan rígida disciplina.
Obedecer es fundamental, básico, insustituible en la unidad armada, porque cuando se está ante la muerte o en la batalla, discutir es perder la empresa. Es muy peligroso que se desobedezca una orden, que, por insensata que parezca, ejecutada por cien o mil hombres con rigurosa disciplina puede conducir a la victoria o minimizar el desastre. La acción guerrera necesita rapidez, unidad, decisión inmediata, y todo eso no da tiempo para juzgar todos los aspectos de la cuestión. La preparación militar requiere pues, que el que de las órdenes haya aprendido a darlas sin vacilar y tenga hasta donde es posible, todo previsto, y que el que las recibe, las ejecute sin dudas ni controversias. Exactamente al revés de la sociedad civil, que tiene la única garantía de su libertad y de su acierto en que haya tiempo para discutir, para oír opiniones y para discrepar. El peligro es el factor que hace toda la diferencia entre la una y la otra”.

Los anteriores y los próximos subrayados son míos.
“Lo primero que se aprende al llegar a un ejército moderno es que cada uno de sus cuerpos tiene una misión, un cometido, una capacidad y un oficio diferente. La preparación para una unidad blindada no forma automáticamente a un artillero, ni un operario de comunicaciones puede servir eficazmente  en una patrulla de infantería. Si eso es así dentro de los cuarteles, como no será dentro de la sociedad civil, complejísima, que no tiene vínculo alguno entre sí, sino el territorio. Por eso las escuelas civiles, como las militares, preparan gentes para todos los oficios y profesiones.
Cada una tiene su ética, tiene sus reglas, tiene su sistema. No es lo mismo mandar en una universidad que en un regimiento. Toda la vida de ustedes ha estado dedicada a aprender a obedecer, y como consecuencia, a saber mandar personas que no deliberan sobre sus órdenes ni las discuten. Es un ejercicio radicalmente distinto del mando en la vida civil. Si yo pretendiera mandar a una unidad mínima de caballería, que es mi Arma, puesto que tengo el privilegio de ser Coronel Honorario del Arma, entraría inmediatamente a discutir con los Oficiales y la tropa, a consultar su opinión, a cavilar, a tratar de poner a todo el mundo de acuerdo, y aún, a adivinar los intereses y sentimientos de los caballos. No lograría hacer avanzar dos kilómetros a mi unidad.
Pero si se trata de poner gentes de acuerdo, no sometidas a ninguna disciplina, acostumbradas a concebir diferentes maneras de hacer las cosas con capacidad de hacerlas por su cuenta, sin mi consentimiento, probablemente, como se ha visto en estos últimos años, podría lograr algunos resultados. Hemos sido educados para funciones diferentes, y para distintas maneras de servicio.
“Eso es todo. El de ustedes es mas peligroso, allí reside su nobleza. La política es el arte de la controversia, por excelencia. La milicia es la disciplina. Cuando las Fuerzas Armadas entran a la política, lo primero que se quebranta es su unidad, porque se abre la controversia en sus filas. El mantenerlas apartadas de la deliberación política, no es un capricho de la Constitución, sino una necesidad de su función…”

“Por eso las Fuerzas Armadas no deben deliberar, no deben ser deliberantes en política. Porque han sido creadas por toda la Nación, porque la Nación, entera, sin excepciones de grupo, ni de partido, ni de color, ni de creencias religiosas, sino el pueblo como masa global les ha dado las armas, les ha dado el poder físico, con el encargo de defender sus intereses comunes, les ha dado a los soldados, les ha dado fueros, las ha libertado de las reglas que rigen la vida de los civiles, les ha otorgado el privilegio natural de que sean gentes suyas quienes juzguen su conducta, y todo ello con una condición: la de que no entren con todo su peso y su fuerza a caer sobre los ciudadanos inocentes, por cuenta de los otros”.

Mas adelante, continuaba el Presidente Electo:
 “Pero no quiero, en manera alguna, que los políticos decidan cómo se deben manejar las Fuerzas Armadas, en su función técnica, en su disciplina, en sus reglamentos, en su personal. Esas dos invasiones son funestas, pero en ambos casos salen perdiendo las Fuerzas Armadas. La política mina la moral y la disciplina de las Fuerzas armadas…”

Muy claramente dice mas adelante:
 “Las faltas serán juzgadas por las Fuerzas Armadas, como lo disponen los reglamentos y los códigos.

Pero confiará a las Fuerzas Armadas su propio honor, su disciplina, su eficacia”.

Sin que existiera el M-19 aún, sin que sus integrantes hubieran sido amnistiados, sin que fueran alcaldes, gobernadores, senadores, candidatos a la Presidencia de Colombia, termina el doctor Alberto Lleras Camargo, con estas palabras:
“Ya he dicho que considero que es injusto y aberrante que mientras los civiles se perdonan, se amnistían y se abrazan, y borran todos los agravios que se hicieron, haya quienes piensan que se puede atacar a miembros de las Fuerzas Armadas por acciones que condujeron bajo órdenes superiores del Gobierno, en condiciones tremendas de peligro y en medio de una situación de locura y confusión colectivas. Si hay algo que castigar, que depurar, que corregir, se castigará, se corregirá, se depurará por las propias Fuerzas Armadas, por su justicia, por las reglas de su disciplina excepcional y no con intervención de acciones políticas parciales y parcializadas”.

Hasta aquí las palabras del entonces Presidente Electo Alberto Lleras Camargo.

Me voy a tomar el atrevimiento de repetir el último renglón:
“…y no con intervención de acciones políticas parciales y parcializadas”.

Parece como si hubiera conocido los casos del General Rito Alejo Del Río, del General Armando Arias Cabrales, del Coronel Plazas Vega.

Pocc.

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